Economía 5.0 · NOTA-ECO-021
¿La culpa es de la vaca en Venezuela?
Por Carlos J. Pérez Pulido · ISHEA Institute ·
El comerciante como chivo expiatorio de un sistema con fugas estructurales. Traslada al caso venezolano el análisis sobre costes ocultos y narrativa política aplicado antes al Reino Unido.
Nota de divulgación — Escrito breve publicado en abierto. Pensamiento en curso, no resultado.
🇻🇪 ¿LA CULPA ES DE LA VACA EN VENEZUELA?
El comerciante como “carne de cañón” de un establo con goteras estructurales
En mi análisis anterior sobre el Reino Unido explicaba cómo la narrativa política suele culpar al comerciante de los “costes ocultos”, ignorando las goteras del propio sistema.
Si cruzamos el Atlántico y miramos a Venezuela, la dinámica de “la culpa es de la vaca” no solo es igual, sino exponencialmente más agresiva.
Aquí, la fricción no es un goteo: es un torrente.
Cuando vemos los precios en los anaqueles venezolanos, la tentación populista es señalar al “comerciante especulador”.
Pero, ¿quién está creando realmente la fricción?
Desarmemos las tres capas:
💳 1. FRICCIÓN COMERCIAL
El mito de la súper ganancia
El comerciante venezolano opera muchas veces con márgenes de supervivencia.
La distorsión de precios puede hacer que el costo de reposición supere incluso el precio de venta.
No se trata de “trucos de marketing”.
Es un esfuerzo diario por no quebrar, mientras se intenta mantener precios que el bolsillo del ciudadano pueda soportar.
🏛️ 2. FRICCIÓN DEL PROPIO SISTEMA
Las goteras del Estado
El comerciante no solo enfrenta impuestos. También soporta:
• El IGTF, que añade un costo transaccional a una economía multimoneda.
• Tasas e impuestos municipales elevados.
• Contribuciones parafiscales y burocracia que consumen tiempo, gestores y recursos.
⚡ 3. FRICCIÓN MACROECONÓMICA Y LOGÍSTICA
Vivir en fricción
Una tienda en Venezuela no solo paga energía:
paga también la ausencia o deficiencia de ella.
Para que un producto llegue al anaquel debe superar:
• Costes logísticos elevados por problemas de combustible y transporte.
• Autogeneración eléctrica para mantener operativos los puntos de venta.
• Financiamiento bancario limitado y costoso, que obliga a proteger constantemente el flujo de caja.
¿Quién termina absorbiendo todo esto?
El precio final.
🧠 EL FRONT OFFICE COMO “CARNE DE CAÑÓN”
El cajero del supermercado o el dueño del abasto son la cara visible de una cadena rota.
Ellos reciben la frustración del consumidor.
Son los “culpables perfectos” para una narrativa que busca una explicación sencilla, mientras las causas permanecen detrás del telón estructural.
El consumidor venezolano no paga solamente por el producto.
También paga el costo de la ineficiencia del entorno.
🔮 EL VERDADERO DESAFÍO
Perseguir al comerciante o congelar precios nunca ha secado las goteras de una economía.
La pregunta debería ser:
¿Cuánta fricción le está imponiendo el propio sistema a quienes producen y distribuyen en el país?
Porque cuando el establo tiene fallas estructurales tan profundas, culpar a la vaca ya no es solo una narrativa fácil...
es una ceguera económica.
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